ULTIMAS ENTRADAS
Mostrando entradas con la etiqueta Investigaciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Investigaciones. Mostrar todas las entradas

El Universo se expande «como una montaña rusa

Científicos explican que el crecimiento del Cosmos no es continuo, sino que ha sufrido distintos períodos de velocidad desde el Big Bang. «Ahora estamos lanzándonos cuesta abajo», comparan.

Los Pilares de la Creación, una de las imágenes más hermosas del Universo

El Universo se expande «como una montaña rusa»

LBN

La medición, con quásares

Desde hace 5.000 millones de años, una fuerza misteriosa conocida como energía oscura ha provocado que el Universo se expanda cada vez más rápido. ¿Siempre fue así? ¿El Cosmos ha crecido a la misma velocidad desde el principio de los tiempos? Una nueva investigación del Sloan Digital Sky Survey (SDSS-III) sobre el primer período tras el Big Bang revela que no. Al principio, unos 3.000 millones de años después de la gran explosión, el Universo estaba costreñido por la gravedad y se expandía de forma mucho más lenta. Sin embargo, ese patrón se transformó a medida que aumentó la energía y alcanzó la rápida aceleración que se supone todavía continúa.

«Si pensamos en el Universo como una montaña rusa, ahora estamos lanzándonos cuesta abajo, ganando velocidad a medida que avanzamos», dice Nicolas Busca, del Laboratorio de Astropartículas y Cosmología del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS) en París, uno de los autores principales del estudio. «Nuestra nueva medición nos habla de la época en la que el Universo estaba subiendo la colina, todavía frenada por la gravedad».

El equipo, que publica sus resultados en la revista Astronomy & Astrophysics y en arXiv.org., fue capaz de medir por primera vez la tasa de expansión de hace 11.000 millones de años observando no las galaxias -ya que al estar tan lejos son también muy débiles-, sino la distribución del gas en las regiones distantes del Universo. Estas nubes de gas pudieron ser medidas porque absorben la luz de los quásares, objetos que emiten una gran cantidad de energía y que se encuentran en el corazón de las galaxias. La medición de esta absorción -un fenómeno conocido como el bosque Lyman-alfa- produce una imagen detallada del gas entre nosotros y el quásar.

Evolución del Universo

«La parte difícil es la combinación de todos esos mapas unidimensionales en un mapa tridimensional. Es como tratar de ver una imagen que ha sido pintada en las púas de un puerco espín», explica Anze Slosar, del Brookhaven National Laboratory. No es para menos, ya que el nuevo mapa utiliza la luz de 50.000 quásares en todo el cielo.

Según los científicos, las mediciones dibujan un cuadro de cómo el Universo ha evolucionado a lo largo de su historia. La imagen que surge es consistente con nuestra comprensión actual del Cosmos, en el que la energía oscura es una parte constante del espacio. «Lo que es fascinante sobre el nuevo resultado es que, por primera vez, vemos cómo la energía oscura trabajaba en un tiempo antes de que empezara la aceleración actual del Universo», explica el equipo.

Publicado en ABC

 

Cómo robar datos de tu vecino en la nube

Un estudio demuestra que un programa alojado en una parte de la nube puede espiar el software que esté alojado cerca.

Con la computación en nube no tenemos que preocuparnos por poseer equipos físicos para alojar datos y ejecutar software. Sin embargo, un estudio realizado por investigadores de la empresa de seguridad informática RSA sugiere que esto podría ser un costoso error.

Varios investigadores han demostrado la posibilidad de que un programa hospedado por un proveedor de computación en nube robe secretos de software alojado en la misma nube. En su experimento, ejecutaron software malicioso en un tipo de hardware diseñado para imitar el equipo utilizado por compañías con servicios en nube como Amazon. Fueron capaces de entrar en el software perteneciente a otro usuario y robar una clave de cifrado utilizada para proteger correos electrónicos.

Una nube oscura: Un grupo de investigadores ha probado un nuevo ataque que sugiere que quizá nos lo debamos pensar dos veces antes de almacenar material sensible en la nube.

El ataque del que han hecho una demostración es tan complejo que es poco probable que se convierta en una amenaza para los clientes de cualquier plataforma en nube hoy día, pero el experimento responde una pregunta planteada desde hace tiempo: ¿es posible este tipo de ataques? La prueba sugiere que algunos datos de gran valor no se deberían confiar a la nube en absoluto, señala Ari Juels, científico jefe en RSA y director de los laboratorios de investigación de la compañía. "La lección básica es que si tenemos una carga de trabajo muy delicada, no debemos ejecutarla junto a un vecino desconocido y potencialmente poco fiable", indica Juels.

Uno de los motivos del rápido crecimiento de la computación en nube es que las empresas pueden ahorrar dinero mediante la utilización de grandes 'almacenes' de ordenadores para llevar a cabo trabajos que previamente se realizaban a menor escala y a nivel interno. El trabajo de RSA podría hacer reflexionar a aquellas empresas y departamentos gubernamentales que estén contemplando mudar una parte mayor de sus sistemas a la nube. Juels desarrolló el ataque en colaboración con investigadores de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill y la Universidad de Wisconsin, ambas en Estados Unidos.

El nuevo ataque socava uno de los supuestos básicos que sustentan la computación en nube: que los datos de un cliente se mantienen completamente separados de los datos pertenecientes a cualquier otro. Esta separación es supuestamente proporcionada por la tecnología de virtualización, es decir, un software capaz de imitar un sistema de computación físico. Una 'máquina virtual' ofrece un sistema familiar en el que instalar y ejecutar software, ocultando el hecho de que, en realidad, todos los clientes comparten el mismo sistema informático, de gran complejidad y a una escala parecida a la de un almacén.

El ataque de Juels se basa en encontrar la manera de romper esa ilusión. Ha descubierto que, puesto que las máquinas virtuales que se ejecutan en el mismo hardware físico comparten recursos, las acciones de unas pueden afectar a la eficacia de las otras. Gracias a ello, un atacante que posea el control de una máquina virtual puede espiar los datos almacenados en la memoria adjunta a uno de los procesadores que se ejecuten en el entorno de la nube, el tipo de memoria que proporciona datos utilizados recientemente para acelerar el acceso futuro a los mismos, usando un truco conocido como ataque de canal lateral.

"A pesar del hecho de que, en principio, está aislada de la víctima, la máquina de ataque virtual vislumbra detalles del comportamiento de la víctima a través de un recurso compartido", afirma Juels.

El software desarrollado por Juels abusa de una función que permite que el software obtenga acceso prioritario a un procesador físico cuando lo necesita. Al pedir con regularidad utilizar el procesador, el atacante podría sondear la memoria caché en busca de evidencias de los cálculos que la víctima estaba ejecutando con su clave de cifrado de correos electrónicos.

El atacante no pudo leer los datos de la víctima directamente, pero al notar la rapidez con la que se escribían datos en la memoria caché, pudo inferir algunas pistas sobre lo que la víctima había dejado en ella. "La máquina virtual de ataque vislumbra pequeños detalles del comportamiento de la víctima", asegura Juels. Mediante la recopilación de miles de estos detalles fue finalmente posible revelar la clave de cifrado completa.

A pesar de que es un procedimiento muy complejo, los investigadores afirman que los proveedores y clientes de computación en nube deben tomarse en serio la amenaza. "La defensa es todo un reto", señala Juels, quién además ha informado a Amazon sobre su trabajo.

Michael Bailey, investigador de seguridad informática en la Universidad de Michigan (EE.UU.), señala que el software atacado, un programa de encriptación de correo electrónico llamado GNUPrivacy Guard, es conocido por filtrar información, y que el experimento no se realizó dentro de un entorno de nube comercial. Sin embargo, asegura que el resultado es significativo e inspirará a otros investigadores -y tal vez a atacantes reales- a probar que este tipo de ataques puede ser práctico.

"Lo que realmente me gusta es que alguien por fin haya dado un ejemplo de ataque de canal lateral", señala Bailey. "Es una prueba de concepto que plantea la posibilidad de que esto pueda llevarse a cabo y motivará a la gente a buscar versiones más serias".

Una demostración particularmente preocupante sería utilizar el método para robar las claves de cifrado usadas para proteger sitios web que ofrezcan servicios como correo electrónico, compras y banca, señala Bailey, a pesar de que eso sería mucho más difícil. Juels afirma que está trabajando en explorar hasta dónde puede llegar con este nuevo estilo de ataque.

 

Publicado en TECHNOLOGYREVIEW

 

Un microhilo de carbono que contacta con la mente

Un electrodo ultrafino hilado a partir de una única fibra de carbono es capaz de captar señales de neuronas de animales vivos.

Conectarse a un cerebro humano supone problemas tanto biológicos como relacionados con las ciencias de los materiales. ¿Qué tipo de interfaz es lo suficientemente delicada como para no dañar el tejido nervioso, pero lo suficientemente resistente como para durar décadas?

Varios investigadores han creado lo que consideran como una 'interfaz neural sigilosa', hecha de una sola fibra de carbono y recubierta con productos químicos para hacerla resistente a las proteínas del cerebro.

El nuevo electrodo en forma de microhilo, diseñado para captar señales de una única neurona a medida que salen de ella, tiene solo unos 7 micrómetros de diámetro. Es el más delgado desarrollado jamás y es aproximadamente 100 veces más fino que los electrodos metálicos convencionales ampliamente utilizados para estudiar cerebros de animales.

"Queríamos ver si podíamos cambiar radicalmente la tecnología de implantes", señalaTakashi Kozai, investigador de la Universidad de Pittsburgh (Estados Unidos) y primer autor del estudio, publicado ayer en la revista Nature Materials. "Queríamos crear un electrodo que durase 70 años".

Los investigadores necesitan electrodos de larga duración para poder mejorar las interfaces cerebro-máquina. Estos sistemas, en los estudios preliminares, han permitido a las personas paralizadas controlar extremidades robóticas o el ratón de un ordenador. Mediante el uso de electrodos para registrar la activación de las células individuales del cerebro, los científicos han aprendido a decodificar estas señales, por ejemplo, como representativas del movimiento de los bigotes de una rata, o del esfuerzo de un tetrapléjico por mover los brazos.

"Ha sido estupendo poder demostrar que estas fibras podían ser aisladas y recubiertas con una superficie eficaz para registrar las señales", indica Andrew Schwartz, otro investigador de interfaces cerebro-máquina en la Universidad de Pittsburgh, pero que no participó en el trabajo. Advierte, sin embargo, que podría ser difícil insertar estos electrodos tan finos y flexibles en el tejido cerebral y garantizar su seguridad. Schwartz observa que los registros se vieron interrumpidos en muchos de los animales estudiados.

Schwartz afirma que en general se cree que las fibras pequeñas "son buenas porque parecen ser 'ignoradas' por el cerebro". Los electrodos convencionales dejan de grabar datos después de un par de años, a medida que se forma tejido cicatrizal a su alrededor. Para mejorar el rendimiento del electrodo, los investigadores también recubren la punta con un polímero que ayuda a recoger señales eléctricas.

En los experimentos llevados a cabo con voluntarios humanos Schwartz ha utilizado una tecnología creada hace 15 años, conocida como matriz de Utah, y consistente en una matriz rígida de alrededor de 100 electrodos de metal con aproximadamente el tamaño de la 'Q' en un teclado de ordenador.

El último trabajo, realizado en el laboratorio de la Universidad de Ingeniería Neural de Michigan (EE.UU.), fue dirigido por Daryl Kipke, investigador y también director general de una empresa, NeuroNexus, dedicada a vender equipos de grabación neural. Kipke señaló que se ha presentado una solicitud de patente del trabajo.

 

Publicado en Technologyreview

 

Baterías mejoradas para coches eléctricos más competitivos

Probablemente se tarde una década, pero las mejoras en las baterías de ion-litio podrían conducir a vehículos eléctricos mucho más baratos.

Recargado: los coches eléctricos como el Nissan Leaf, visto aquí cargándose, son caros. Baterías más baratas podrían cambiar eso.

Hay muchas razones por las que los coches eléctricos no terminan de imponerse, pero uno de los problemas es evidente: las baterías cuestan demasiado.

Para que los vehículos eléctricos y los híbridos enchufables puedan competir con los coches movidos por combustibles fósiles, el precio de las baterías tiene que bajar entre un 50 y un 80 por ciento, según cálculos recientes del Departamento de Energía de Estados Unidos. Para llegar a ese punto quizá haga falta inventar un tipo completamente nuevo de batería, pero es muy probable que baste con mejorar las baterías de ion-litio que dan energía a la generación actual de coches eléctricos.

Para 2015 Estados Unidos podría tener una capacidad de producción de baterías para 500.000 coches al año. Pero este año, debido a su elevado precio, la venta de vehículos eléctricos no llegarán siquiera a una décima parte de esa cifra en Estados Unidos. En consecuencia, los fabricantes norteamericanos de baterías avanzadas han tenido problemas para seguir a flote. A123 Systems quebró. Dow afirmó que su sociedad fabricante de baterías Dow Kokam había tenido pérdidas significativas. Y este año se ha construido una fábrica de LG Chem para producir baterías para el Chevrolet Volt, pero la planta está parada, esperando que aumente la demanda.

Los vehículos eléctricos consumen menos que los coches convencionales, pero esa ventaja económica casi desaparece debido al coste de las baterías. El paquete de baterías para el Chevrolet Volt cuesta unos 8.000 dólares (unos 6.300 euros). La batería más grande del Nissan Leaf cuesta unos 12.000 dólares (unos 9.400 euros).

El coste de la batería para el Leaf podría bajar de los 4.000 dólares (unos 3.100 euros) para 2025, según un estudio reciente de McKinsey, y para lograrlo bastará con aumentar la escala de producción de las baterías, forzar una bajada de costes de los componentes mediante la competencia y duplicar la densidad de energía de las baterías, lo que reduce los costes de materiales.

Una start-up, Envia Systems, ya ha construido prototipos de pilas de ion-litio que almacenan aproximadamente el doble de energía que las mejores baterías convencionales de ion-litio y se pueden recargar cientos de veces (ver “Un gran avance en la capacidad energética de las baterías” y “Business Impact: ¿Debería haber apoyo gubernamental para la investigación aplicada?”)

Y, algo que es clave, se parecen lo suficiente a las baterías de ion-litio existentes como para que se puedan fabricar con la maquinaria ya existente. Aún hay que depurar la tecnología, y podrían pasar unos años hasta que empiecen a aparecer como componente de los coches, según afirma la empresa.

Jeff Dahn, investigador de baterías de ion-litio en la Universidad Dalhousie (EE.UU.) afirma que coches como el Leaf y el Volt usan un tipo especial de pila plana de ion-litio hecha con una maquinaria desarrollada recientemente y que sigue siendo relativamente lenta. La fabricación de las pilas cilíndricas de ion-litio convencionales cuesta aproximadamente la mitad, porque usan maquinas mucho más rápidas y se fabrican a una escala mayor. Dahn también señala que gran parte de los componentes, como una película plástica que se para los electrodos en la batería tienen el precio inflado. “No me dirás que el coste de los separadores no puede abaratarse”.

No todo el mundo está de acuerdo en que las baterías de ion-litio puedan llegar a tener un precio lo suficientemente barato como para que los vehículos eléctricos compitan con los que usan combustibles fósiles (ver “La tecnología de A123 no era lo bastante buena”). Toyota, por ejemplo, investiga cambios mucho más dramáticos en el diseño de baterías. Un tipo de batería que está desarrollando sustituye el electrolito líquido de una batería de ion-litio convencional por un material sólido, lo que posibilita toda una serie de cambios en el diseño de la batería que permitirían hacer el sistema más pequeño y reducir su coste. Gracias a estas baterías en estado sólido y a otras tecnologías se podría reducir el tamaño del paquete de baterías hasta en un 80 por ciento, según Toyota. Sakti3, una start-up ligada a GM, también está desarrollando baterías en estado sólido y hace poco empezó a mandar baterías prototipo a sus clientes potenciales para que las prueben, afirma la directora general de la empresa, Ann Marie Sastry (ver “TR10: Baterías de estado sólido”).

24M, una start-up recién creada con sede en Cambridge, Massachusetts (EE.UU.) está utilizando un enfoque distinto. En vez de una batería sólida, la empresa desarrolla un cruce entre una batería y una pila de combustible en el que los electrodos de la batería son un líquido viscoso que se puede bombear. El material de almacenaje de energía podría guardarse en tanques baratos y después bombearse a un pequeño aparato para generar energía (ver “Una batería de coche a mitad de precio”).

A pesar de su novedoso diseño, las baterías sólidas y la tecnología de 24M siguen funcionando gracias a la química de ion-litio ya conocida, lo que hace que sea menos arriesgado comercializarlas que otros enfoques más radicales que van más allá de la química de ion litio. Pero quizá merezca la pena asumir el riesgo que implican las alternativas a las baterías de ion-litio, puesto que en teoría tienen densidades energéticas varias veces superiores a las de las baterías eléctricas de los coches actuales.

La lista es larga, incluyendo as baterías de azufre-litio, aire-litio, aire-cinc e ion-magnesio. Pero cada una de ellas conlleva sus propios problemas. Las baterías de litio aire, por ejemplo, que podrían almacenar 10 veces más energía que las baterías de litio ion convencionales (acercándose a la densidad energética de la gasolina) usan metal de litio, que puede ser muy peligroso, y no se pueden rucar gar muchas veces.

Y aunque se resuelvan los problemas de las nuevas tecnologías en los laboratorios, se puede tardar décadas en desarrollar los sistemas de fabricación necesarios para producir las baterías a gran escala de forma fiable y en cantidades suficientes para dar energía a los coches. El largo proceso a seguir para resolver estos retos dará a la tecnología de las baterías de ion-litio convencionales mucho tiempo para mejorar.

 

Publicado en TECHNOLOGY REVIEW

 

A-RAM: Haciendo más pequeña a la memoria RAM

En estos últimos tiempos, lo que el usuario sabe de la memoria RAM es que necesita una buena cantidad de ella, y que se encuentra en un mínimo histórico de precios. Eso nos haría pensar que no hay muchos estímulos para mejorar la tecnología asociada, pero nada puede estar más lejos de la verdad. En 2009, laUniversidad de Granada presentó junto al laboratorio CEA-LETI francés una memoria conocida como A-RAM, que se basa en el concepto de “1T-DRAM”, y que busca extender los límites de miniaturización a los que la DRAM también se ve sometida. Después de tres años de trabajo, la memoria ha dejado de ser una teoría.

Necesitamos que los componentes electrónicos sean cada vez más pequeños, de eso no hay dudas. No sólo se trata de una cuestión de costos, sino que también el consumidor busca (y demanda) ventajas específicas como la portabilidad. Ya hemos visto la capacidad de procesamiento que pueden poseer algunos smartphones y tablets. El concepto de “ordenador en el bolsillo” tiene múltiples ejemplos en el mercado, pero eso no quiere decir que hayamos llegado a un límite. De todas maneras, el límite está cerca. La famosa “Ley de Moore” estará entre nosotros por muchos años más, pero carga consigo la inevitabilidad de su fin. Aunque la Ley de Moore está principalmente asociada a procesadores, también se pueden encontrar ejemplos bajo otros componentes, como es el caso de la memoria RAM. Aunque las celdas DRAM han sido reducidas considerablemente, si se las quiere llevar “más abajo”, se necesita reinterpretar su diseño.

Noel Rodriguez a la izquierda y Francisco Gamiz a la derecha, las mentes detrás de la A-RAM y las celdas A2RAM que se muestran en la oblea - A-RAM

Noel Rodriguez a la izquierda y Francisco Gamiz a la derecha, las mentes detrás de la A-RAM y las celdas A2RAM que se muestran en la oblea

Eso es lo que ha hecho un grupo de científicos estacionado en la Universidad de Granada, y en colaboración con el laboratorio francés CEA-LETI. La memoria en cuestión se llama A-RAM, siglas para “Advanced Random Access Memory”. Básicamente, para entender mejor a la memoria A-RAM, hay que explorar el concepto de “1T-DRAM”. Una celda de memoria DRAM convencional está compuesta por un transistor y un capacitor (léase “condensador”). Esta estructura de memoria ha logrado ser reducida considerablemente, pero está alcanzando a sus límites. Lo que hace la memoria “1T-DRAM” es eliminar el capacitor en cuestión, y apela al llamado “Efecto de cuerpo flotante” en el transistor, lo que crea una forma de “capacitor parásito”. Usualmente, ese parásito representa un problema, pero en la memoria 1T-DRAM (y por extensión, la A-RAM), resulta un beneficio.
Si se aplica un método tridimensional similar a la que ha estado aplicando Intel en sus procesadores, la memoria A-RAM y sus tecnologías derivadas (como la celda A2RAM) tienen un potencial enorme a la hora de miniaturizar DRAM. Tampoco debemos olvidar que la memoria tiene amplios tiempos de retención y un menor consumo de energía. Integrar un chip de memoria sobre un PCB es algo relativamente sencillo para los fabricantes en estos días, sin embargo, reiteramos que la idea es hacer todo más pequeño. Las tecnologías A-RAM y A2RAM ya cuenta con unas diez patentes alrededor del globo, y está en el radar de gigantes de la industria como Samsung y Micron.

 

Publicado en NEOTEO

 

Microsoft se acerca al reconocimiento y traducción instantánea de voz

Que cunda el pánico entre los traductores públicos, pues la barrera del lenguaje está cediendo cada vez más ante los abnegados intentos de la modernidad por superar la rutinaria incomunicación entre los idiomas. En la última presentación pública, Microsoft acaba de mostrar una tecnología en la que viene trabajando desde hace años: la traducción instantánea. Tomando como musa al Traductor Universal de Star Trek,Microsoft mostró avances impresionantes en cuanto areconocimiento de voz ytraducción instantánea, usando la misma voz del interlocutor, pero hablando en un idioma diferente.

Los aplausos repiquetearon y reverberaron durante largo rato en el salón de conferencias en donde se llevó a cabo la Microsoft Research Asia’s 21st Century Computing, en Tianjin, China. Allí, conversando en el más correcto y pausado de los acentos en inglés, Rick Rashid, el Oficial en Jefe de Investigación de Microsoft, abrió la presentación haciendo un poco de historia sobre cómo su compañía ha ido asistiendo en la evolución del speech-to-speech. Es decir, de la tecnología que logra reconocer el habla y traducirla instantáneamente a otro idioma, en el mismo formato. En ella dijo que los últimos 60 años los investigadores se han encargado de construir sistema que puedan interpretar lo que una persona está hablando. Con diferentes resultados y enfoques, hasta hace muy poco los sistemas dereconocimiento de voz tenían un margen de error del 20-25% pero Microsoft logró superar esta tecnología con el descubrimiento de la técnica Deep Neural Networks.

 

Presentación de Rick Rashid en China (IMPERDIBLE)

Esta técnica permite que los sistemas de reconocimiento puedan predecir mejor basándose en patrones de conducta cerebral humana, adelantándose a las palabras y no sólo equivocándose muy poco, sino también haciendo rápido su trabajo. Con este método, Microsoft logró reducir la tasa de error de palabra en un 30% en comparación con los métodos anteriores. Esto significa que en lugar de tener un error entre 4 o 5 correctas, ahora la tasa de error es una palabra en 7 u 8. Para tener una pista de cómo trabaja, mientras Rashid hablaba, el sistema de reconocimiento de voz iba subtitulando la conferencia con una eficiencia inaudita hasta el momento. Pero eso era sólo la primera parte del descubrimiento.

 

¿Te acuerdas del Traductor Universal de Star Trek? Rick Rashid dijo que no tendremos que esperar al siglo 22 para tener algo parecido.

Cuando ya tenía al público chino en sus manos, Rashid pasó a la presentación de la nueva tecnología de traducción instantánea de Microsoft y la no estuvo ni cerca de defraudar. Mientras hablaba en inglés, la pantalla lateral a la principal comenzó a mostrar cómo funcionaba la traducción instantánea al chino en sus tres pasos. El primero era el reconocimiento de la voz del interlocutor y el pasaje a texto. Luego, el sistema busca equivalentes en chino de las dos primeras palabras de la frase. La última parte procesa los resultados y reordena las palabras para que sean apropiadas a una frase con sentido en chino. Con algunos errores obvios del estado en el que se encuentra, la traducción era de una efectividad inaudita.

Si al ver lo bien que funciona esto ya podemos decir que Rashid nos tiene en sus manos, la demostración de la traducción instantánea de inglés a chino usando voces es impactante. A través de un complejo modelo que recopila tonos y modelos de voz de cientos de interlocutores de cada idioma, el motor de voz y traducción pudo traducir a Rashid del inglés al chino con una delación de sólo 5-10 segundos a través de una voz sintetizada con un tono similar al suyo. Cuando de los altavoces de la conferencia salió la voz de Rashid hablando en chino, el público explotó en aplausos.

 

Publicado en NEOTEO

 

Vibrative: Teclado virtual basado en vibraciones

Una vez más nos encontramos con el “dilema” que plantean los dispositivos móviles. No son pocas las personas que consideran a la pantalla táctil como“ineficiente” o “incómoda” a la hora de ingresar datos. Existen teclados externos dedicados, pero si un dispositivo móvil con interfaz táctil realmente “necesita” de un teclado, ¿por qué abandonó las teclas en primer lugar? Se están explorando muchas alternativas para “escribir” en móviles y tablets, y Vibrative es una de ellas. Aunque no deja de ser una prueba de concepto, Vibrative utiliza el acelerómetro integrado en un smartphone para “registrar” vibraciones y asociarlas a las teclas de un teclado virtual.

No importa si es virtual o físico, todo usuario de un teclado necesita de un tiempo mínimo de adaptación. Algo aparentemente sencillo como pasar de un teclado en inglés a uno en español, o del teclado de tamaño completo de un ordenador al formato reducido de una portátil, no es algo precisamente “inmediato”. Errar una tecla o dos, no sentirse del todo cómodo con la disposición, o el hecho de no tener “retroalimentación” al presionar una tecla son algunos de los inconvenientes más comunes. Personalmente debo decir que no podría escribir un texto como este sobre una pantalla táctil. Más allá de mi evidente preferencia por los teclados convencionales, he notado que las pantallas táctiles son mucho más adecuadas para un ingreso de datos “casual”. El simple hecho de que existe un teclado dedicado “y” oficial para el iPad, y que Microsoft ofrece dos versiones teclados a falta de una para su tablet Surface confirma que aún en estos dispositivos de alto nivel, existen ciertas limitaciones a la hora de ingresar datos.

Vibrative Virtual Keyboard from Florian Kräutli on Vimeo.

 

Ante esas limitaciones, se están explorando diferentes alternativas, y una de las más curiosas es Vibrative. En vez de tomar el atajo de un teclado físico, Vibrative hace un uso diferente del hardware ya presente en un dispositivo móvil. El vídeo nos enseña a un iPhone cuyo acelerómetro ha sido programado para recoger las vibraciones que el usuario genera cuando “golpea” cada tecla en un teclado virtual que puede ser una hoja de papel, o cualquier otra cosa que lo ayude a guiarse. El responsable del proyecto, Florian Kraeutli, reconoce que las vibraciones que puede recoger son muy débiles, pero también sugiere que los acelerómetros integrados pueden funcionar en un modo de sensibilidad reducida dentro de smartphones y tablets con el objetivo de ahorrar batería, un detalle que reduce la calidad y la fuerza de las señales.


Vibrative requiere de cierto “entrenamiento” para asociar las vibraciones a cada tecla dependiendo de la superficie, y aunque lo ideal sería entrenar cada tecla individualmente, lo cierto es que el sistema puede calibrarse con un grupo reducido. Ahora, no hay que ver a Vibrative como algo que pueda dejar su perfil de prueba de concepto. Las limitaciones son varias, comenzando por la posición del smartphone, el tipo de superficie, y cierta latencia en el registro de las teclas. Por otro lado, Vibrative puede servir como vector de exploración para otras tecnologías. Ya hemos visto lo que pueden hacer los teclados proyectados en el pasado. Si un dispositivo móvil lograra miniaturizar a uno de esos teclados, el acelerómetro podría asistir a la hora de entregar mayor precisión durante la escritura, aunque ese es apenas un ejemplo.

 

Publicado en NEOTEO

 

Crean el primer dispositivo que funciona con la energía de las células al interior del oído

(C) MIT

 

Por primera vez, un equipo de investigadores del MIT lograron crear un dispositivo electrónico autosuficiente cuyo tamaño permite insertarse al interior del oído y se alimenta exclusivamente de la energía del gradiente electroquímico de ciertas células al interior de la cóclea.

El dispositivo –un chip electrónico con muchos electrodos de baja resistencia– se insertó en el oído interno de un conejillo de Indias, con los electrodos conectados en lados opuestos de la cóclea , y fue capaz de recolectar una pequeña cantidad de energía eléctrica sin dañar el oído ni la capacidad auditiva.

El dispositivo estaba conectado a un trasmisor de radio, y fue capaz de alimentarlo de energía por unas cinco horas. Esto significa que la técnica podría ser usada algún día para entregar una fuente de energía autónoma a los implantes cocleares, o a un dispositivo insertado en el cerebro.

Ahora el desafío es rediseñar el dispositivo para que tenga un tamaño más pequeño, porque perfectamente podría ser usado por más tiempo, pero fue retirado del conejillo de Indias debido a que se corría el riesgo de dañar tejidos delicados al interior del oído.

 

Publicado en FAYERWAYER

 

Las microrredes solares podrían proporcionar electricidad a millones de personas

Millones de los habitantes más pobres del planeta no tienen acceso a la electricidad. Las microrredes podrían ser una solución de energía limpia.

El pueblo de Tanjung Batu Laut parece surgir de un manglar en una isla frente a la costa de la parte malasia de Borneo. Las casas, encaramadas sobre el agua encima de pilotes, están construidas con viejos trozos de contrachapado de madera, chapa metálica y tela de gallinero oxidada. Pero si sigues adentrándote en la tierra firme llegas a un claro cubierto por cien paneles solares montados sobre relucientes estructuras metálicas. Gruesos cables trasladan la energía de los paneles a un sólido edificio con ventanas y puertas nuevas. Si entras en ese edificio, la densa humedad del ambiente da paso a un aire frío y seco. Bombillas fluorescentes iluminan una fila de armarios de acero en cuyo interior parpadean luces y se alojan pantallas de ordenador.

El edificio es el centro de control de una pequeña planta eléctrica construida hace dos años que proporciona electricidad a los aproximadamente 200 habitantes del pueblo. Los ordenadores gestionan la energía que proviene de los paneles solares y de generadores diésel, almacenando parte en grandes baterías de plomo y ácido, y distribuyendo el resto para cubrir la creciente demanda local. Antes de que se instalara esta diminuta planta, el pueblo no tenía un acceso fiable a ninguna fuente de electricidad, aunque algunas familias tenían pequeños generadores diésel. Ahora todos sus habitantes disponen de energía prácticamente ilimitada las 24 horas del día.

Resulta incongruente que gran parte de los tejados de chapa metálica del pueblo alberguen antenas parabólicas. Dentro de algunos hogares con tejados hundidos y agujeros en lugar de ventanas se alojan televisiones de pantalla plana, ventiladores, electrodomésticos de gran consumo energético, como planchas y hervidores de arroz, y aparatos que tienen que estar constantemente enchufados a la red, como congeladores. Una tarde de sábado de este verano, los chavales se paseaban con frescas rodajas de sandía adquiridas a Tenggiri Bawal, propietaria de una diminuta tienda situada en una de las zonas más inestables de las pasarelas de madera que enlazan unas casas con otras. Tres días antes Bawal había recibido una nevera, donde ahora almacena sandía, refrescos y otros comestibles. La tendera sonríe mientras los niños se agolpan a las puertas de su negocio y afirma en su inglés limitado que “los negocios van bien”.

A escala mundial, unos 1.500 millones de personas no disponen de electricidad, la mayoría habitantes de zonas rurales. En India, por ejemplo, 268 millones de personas no tienen electricidad en las zonas rurales, frente a los solo 21 millones que carecen de ella en las zonas urbanas. La Agencia Internacional de la Energía afirma que las plantas como la instalada en Batu Laut, que se conocen como microrredes híbridas, serán esencial para hacer llegar la electricidad a muchos de ellos. Y lo serán porque conectar a una comunidad remota a la red eléctrica convencional, con sus grandes plantas centralizadas, es caro y puede llevar más de una década. En algunos casos, tanto la geografía como algunas consideraciones económicas pueden impedir que se llegue a acceder a la red. Las microrredes híbridas pueden proporcionar electricidad fiable combinando de manera inteligente energía de múltiples fuentes locales, y construirlas es mucho más barato y rápido que ampliar la red a las zonas donde habitan la mayoría de las personas que no tienen electricidad.

Optimal Power Solutions (OPS), la empresa australiana que diseñó la microrred de Batu Laut está duplicando el número de instalaciones este año en el sudeste asiático e India. Y varias compañías más incluyendo gigantes industriales como GE y ABB están desarrollando y vendiendo tecnología parecida.

Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. Algunas de las primeras microrredes que se instalaron han tenido problemas, y la electricidad que proporcionan es más cara que la de las redes centrales urbanas, en algunos casos hasta 10 veces más cara. La tecnología implicada en la creación de microrredes, y los sistemas que se usan para gestionarlas y mantenerlas tendrán que mejorar significativamente si han de proporcionar electricidad fiable a cientos de millones de personas.

“La previsión de la Agencia Internacional de la Energía y de otros grupos es que dentro de 20 años aún habrá 1.500 millones de personas sin electricidad”, afirma Daniel Kammen, profesor de energía en la Universidad de California en Berkeley (EE.UU.) y asesor del programa de Naciones Unidas 'Energía Sostenible para Todos'. “Las microrredes nos dan la oportunidad de pensar en un modelo realmente nuevo para llevar servicios energéticos a las comunidades que están fuera del alcance de la red. La pregunta que surge es: ¿se quedará en una bonita anécdota del desarrollo, o se convertirá en parte de la economía global?”.

Cerca del pueblo de Tanjung Batu Laut, una larga fila de paneles solares (derecha) proporciona energía a una serie de baterías de plomo y ácido (izquierda) dentro de un edificio. Los generadores diésel instalados sobre la plataforma cubierta completan la planta eléctrica de la microrred.

Hambrientos de electricidad

Resulta difícil exagerar la importancia de la electricidad en el desarrollo económico y social. Los ventiladores hacen que se aprenda mejor en las aulas, y las luces permiten a los estudiantes leer y hacer deberes por la noche. Las neveras conservan la comida y las vacunas. Un suministro continuado de electricidad puede potenciar el desarrollo económico, a menudo empezando por modestos ejemplos como la tienda de Bawal. Cuando la gente consigue ingresos de este tipo de emprendimientos, se puede permitir pagar más electricidad, lo que permite a su vez llevar a cabo proyectos más ambiciosos, creando un ciclo de riqueza cada vez mayor. Es un patrón que los economistas han constatado en un país tras otro. A largo plazo, que las empresas tengan acceso a una fuente de energía abundante, fiable y asequible hace posible el desarrollo de un sector manufacturero fuerte, con instalaciones para fabricar chips informáticos o automóviles. En su esfuerzo por lograr los objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas, el secretario general Ban Ki-Moon ha afirmado que “claramente la herramienta más importante será la energía”.

Para hacer llegar esa energía a algunos habitantes del planeta harán falta alternativas a la tecnología convencional de red eléctrica. La Agencia Internacional de la Energía calcula que más de las dos terceras partes de los habitantes de zonas rurales que no tienen acceso a la electricidad en la actualidad necesitarán recibir energía de algún tipo de fuente distribuida, bien sean microrredes o sistemas energéticos individuales, porque están lejos de la red o viven en una zona de difícil acceso.

“Algunas zonas del interior de Malasia no se pueden conectar a la red eléctrica, no hay carreteras que lleguen hasta ellas. Así que las microrredes son la única solución”, afirma Ramdan Baba, director de los programas de electrificación rural de Malasia, desde la 23ª planta de un edificio de oficinas en el distrito de edificios oficiales cercano a Kuala Lumpur. El gobierno ha calculado, por ejemplo, que conectar una agrupación de pueblos que distan 130 kilómetros de la línea eléctrica más cercana costaría 250 millones de ringgits malasios (unos 62 millones de euros). “Es una cantidad inmensa de dinero para llevar electricidad a tan solo 10 pueblos con un total de 800 habitantes”, sostiene. “Una microrred costaría unos 92 millones de ringgits (unos 23 millones de euros) y proporcionaría un suministro fiable de electricidad las 24 horas”.

Baba afirma que el Gobierno probablemente logre su objetivo de llevar la electricidad al 95 por ciento de la población del Borneo malasio para finales de año (al comienzo del proyecto hace dos años, el 25 por ciento de esa población no tenía electricidad). El éxito logrado con la tecnología hasta la fecha ha llevado al Gobierno a subir la apuesta. En su esfuerzo por llevar la electricidad a zonas incluso más remotas y electrificar el 99 por ciento del Borneo malasio, planea aumentar el número de microrredes instaladas para 2015.

Ahora el vecino menos pudiente de Malasia, Indonesia, y otros países del sudeste asiático también empiezan a usar estos sistemas. India ha experimentado con las microrredes; su Gobierno está estudiando la posibilidad de usar la tecnología para llevar electricidad a más zonas rurales y para apuntalar la tristemente famosa inestable red urbana (ver “Como podrían evitarse algún día los cortes de energía eléctrica en la India”).  En los países más pobres, como Bangladesh, donde casi el 60 por ciento de la población no tiene acceso a la electricidad, ahora mismo a los Gobiernos y a la financiación externa les interesan más las fuentes de energía de menor escala, como las lámparas y los cargadores de energía solar o pequeños paneles solares instalados en las viviendas. Lo mismo sucede en los países de África, como Kenia, donde al 84 por ciento de la población le falta la electricidad. Sin embargo, las lámparas solares no proporcionan los beneficios de una red eléctrica local. Las microrredes, concluye la Agencia Internacional de la Electricidad,  en un comedido lenguaje, “son una solución competitiva en las zonas rurales y pueden dar cabida a un crecimiento futuro de la demanda”.

Cuando las microrredes llevan la electricidad a zonas remotas, los habitantes de los pueblos enchufan televisiones, aparatos de música y electrodomésticos como neveras (arriba, izquierda) y la dueña de una tienda puede empezar a vender polos (abajo). Un aserradero funciona gracias a una microrred (arriba, derecha).

Pero si la experiencia adquirida en Malasia sirve como indicador, el despliegue de estos sistemas podría ser lento e ineficaz, en parte porque los Gobiernos y las compañías eléctricas recelan de las nuevas tecnologías. En Batu Laut, el gobierno exigió a OPS que instalara 600 kilovatios de capacidad generadora diésel a pesar de que la microrred está diseñada para una carga punta de 200 kilovatios, porque las autoridades no estaban seguras de que fuera a funcionar como se había prometido. La historia puede ser parecida en India. “Sigue siendo un concepto novedoso”, afirma Himanshu Gupta, consultor de la comisión de planificación en India. “Los burócratas no saben nada de microrredes”.

Paneles solares mohosos

Situado en una remota zona del noreste de Borneo, cerca de una cuenca que los foráneos no descubrieron hasta la década de 1950, el pueblo de Kalabakan no disponía de una carretera asfaltada hasta hace unos años, y los residentes se las apañaban con un par de horas de electricidad cada noche. Hace tres años el Gobierno malasio financió una microrred allí y la demanda de electricidad se disparó. Los nuevos clientes incluyen un par de aserraderos que proveen a la industria maderera local. Al contrario que su equivalente en Batu Laut, que es algo más nueva, la microrred de Kalabakan ya está volviendo a la jungla. 

“Este sitio se está cayendo a pedazos”, afirma Ritesh Lutchman, gerente senior de OPS, mientras conduce hacia el terreno donde se halla la planta para la microrred. El camino de asfalto, a pesar de haber sido construido hace apenas unos años, muestra profundas grietas y socavones, víctima del terreno blando de Malasia y las abundantes lluvias. Los paneles solares están cubiertos con una fina película de moho, lo que disminuye la producción de electricidad. Las plantas tropicales han crecido casi hasta la altura de una fila de paneles; en un punto empiezan a bloquear la luz del sol. Un empleado que contribuye al mantenimiento de la planta eléctrica no encuentra la llave que da acceso a la sala de control y tiene que hurgar en la cerradura con un destornillador. Dentro hace calor porque uno de los ventiladores automáticos no funciona. Lutchman sospecha que el calor podría estar dañando el caro equipo y acortando su vida útil.

Y lo que es peor, la mitad de la microrred ni siquiera recibe electricidad. Como la producción eléctrica de los generadores diésel no se sincronizó, solo puede funcionar un generador en un momento dado y uno solo no es capaz de proporcionar la suficiente cantidad de electricidad para mantener las dos redes de distribución de electricidad. Lutchman no estaba enterado del problema porque, unos días antes, los trabajadores locales habían desconectado el nodo de datos que era la única comunicación entre la microrred y OPS. Los trabajadores estaban usándolo para navegar por la Web, algo de lo que Lutchman se enteró cuando OPS recibió una abultada factura.

Los problemas en Kalabakan reflejan un problema más profundo: no existe un modelo práctico para mantener y operar una microrred. El Gobierno paga por el sistema; empresas como OPS lo diseñan, instalan y lo mantienen en funcionamiento durante un periodo de garantía de dos años; y después, en el caso de Malasia, entregan el control a la compañía eléctrica local, que es lo que sucedió en Kalabakan. A pesar de que OPS aún hace un seguimiento de las microrredes que ha instalado, pasados los dos primeros años ya no le pagan por mantenerlas.

Las compañías no están preparadas para gestionar las microrredes, afirma Lutchman: “A veces la empresa llama a alguien que entiende de generadores, pero no sabe cómo se conectan con el resto del sistema”. La falta parcial de electricidad actual tuvo lugar después de que un generador diésel fuera desconectado para una revisión programada. Al volverlo a conectar su producción de voltaje no se ajustaba a las especificaciones del sistema de control automático de la microrred. Arreglarlo implica hacer un sencillo ajuste, según Lutchman, pero los trabajadores locales de la compañía no saben hacerlo. Las compañías ni siquiera solicitaron la gestión de las microrredes, afirma. Se las entregaron, pero sin la formación necesaria para mantenerlas.

En Borneo, en medio de inmensas plantaciones de aceite de palma, la red eléctrica se detiene súbitamente. El gobierno está expandiendo la red donde tiene sentido económico hacerlo.

Hace poco el Banco Mundial emitió un informe alertando de algunos de estos retos. Pepukaye Bardouille, gente sénior de operaciones en la Corporación Financiera Internacional de la Agencia, afirma que su grupo está “entusiasmado” respecto a las microrredes, pero “intentan inyectar una dosis de realismo”. Bardouille explica que “lo que suele suceder es que se intentan vender algunos ejemplos como la solución basándose en la tecnología o simplemente en el coste. Pero el cómo se entrega la tecnología y se mantiene forma una parte tan importante de la solución que si esas cosas no se abordan, no es sostenible”, añade.

Ramdan Baba afirma que su Gobierno está trabajando en una nueva forma de financiar y mantener las microrredes. La empresa que diseña e instala la tecnología recibirá una licencia para operarla y un precio garantizado por la electricidad que produce; solo logrará beneficios si es capaz de mantener los costes bajo control y mantener la red produciendo electricidad durante la duración del contrato.

Este verano en la sede de OPS en Malasia, en Kuala Lumpur, los ingenieros y gerentes de la empresa estaban ocupados haciendo llamadas, reuniéndose con representantes del Gobierno y haciendo cálculos de última hora. El asunto clave era calcular el coste por kilovatio hora de la electricidad producida por la microrred, algo fundamental para establecer el precio a pagar a OPS y otras empresas. Si fuera demasiado alto, OPS obtendría un beneficio a expensas del Gobierno malasio; si fuera demasiado bajo la empresa se vería abocada a mantener un negocio con pérdidas.

Problemas de batería

Las microrredes se enfrentan a otro problema inminente, este de carácter técnico. Los paneles solares y generadores diésel pueden durar décadas, pero las baterías que posibilitan la generación de electricidad fallan mucho antes. “En el caso de una microrred, normalmente necesitas un sistema de almacenaje de energía que, con la tecnología actual, hay que sustituir cada tres, cinco o siete años. Es un coste de capital inmenso”, afirma Katherine Steel, una ingeniera formada en el Instituto Tecnológico de Massachusetts que dirige el programa 'Luz para África' del Banco Mundial. Si las baterías de repuesto no entran dentro del presupuesto, la vida efectiva de la microrred se ve limitada a unos pocos años.

Según OPS, las baterías de plomo y ácido hacen que el precio de las microrredes sea relativamente alto no solo porque hay que sustituirlas frecuentemente, sino porque son tan caras que los diseñadores de microrredes confían mucho de la generación diésel para proporcionar electricidad por la noche. Es más barato tener generadores diésel funcionando que añadir la cantidad suficiente de paneles solares y baterías como para proporcionar electricidad las 24 horas. Para superar este problema, OPS está probando una batería de Aquion, una spin-out de la Universidad Carnegie Mellon (EE.UU.) con sede en Pittsburgh; esta batería casi podría eliminar la necesidad de diésel en las microrredes, reduciendo las emisiones de dióxido de carbono, y en gran medida, los costes operativos.

“Las microrredes siguen usando una buena cantidad de diésel”, afirma Jay Whitacre, el profesor de la Universidad Carnegie Mellon que inventó la tecnología de Aquion. “El siguiente paso es llegar a una situación en la que tienen un generador diésel, pero casi nunca se enciende. Con nuestra batería se podría lograr”, afirma. Las baterías de Aquion funcionan de forma muy parecida a las relativamente longevas baterías de ión-litio que se usan en los coches eléctricos, que son mucho más caras que las baterías de plomo y ácido. Pero la tecnología de esta empresa usa materiales mucho más baratos y es más fácil de fabricar, lo que hace que los costes sean competitivos con las baterías que duran menos y que se usan ahora en la mayoría de las microrredes. “Para empezar nuestra batería costará aproximadamente lo mismo que una batería de plomo y ácido de calidad”, afirma. “Pero esa batería de plomo y ácido habrá que mantenerla refrigerada y habrá que cambiarla después de un par de miles de ciclos. La nuestra durará mucho más que eso, dos o tres veces más”, asegura.

El ahorro al recortar el consumo de diésel podría ser significativo. La red de Batu Laut está diseñada para obtener gran parte de su electricidad del diésel, pero un sistema diseñado en torno a baterías más baratas podría necesitar los generadores solo para las emergencias y largos periodos de mal tiempo. Reducir los costes de las baterías y el consumo de diésel podría hacer bajar el coste por kilovatio hora de un dólar a 40 centavos (de 78 céntimos de euro a unos 30 céntimos de euro).

Y aún así, ese precio es mayor que el de la electricidad de la red eléctrica principal. El Gobierno malasio subvenciona la electricidad de las microrredes para que los habitantes de los pueblos paguen algo parecido a las tarifas urbanas, pero no puede seguir haciéndolo indefinidamente, en parte porque con cada kilovatio hora adicional consumido por los habitantes de los pueblos, el coste de las subvenciones sube. En los países más pobres, como India, el elevado coste de la electricidad de las microrredes podría ser un obstáculo aún mayor para su despliegue generalizado.

“Para que las microrredes sean una tecnología que marque diferencias, como los teléfonos móviles, tendrían que ofrecer un servicio equivalente o superior al de la red principal a un precio inferior”, afirma Steel. “Pero creo que esa es una transición que aún tiene que darse y yo no diría que esté a punto de suceder”.

Un escenario más probable es que las microrredes y la red convencional acaben complementándose. Mientras la red convencional llega a más lugares desde las ciudades según mejora la red de carreteras, haciendo que determinadas comunidades estén menos aisladas, extender la red hasta ellos tendrá más sentido económico. Donde existan microrredes, muchas de ellas acabarán siendo absorbidas por la red general mayor. En momentos de picos de demanda, las compañías podrán recurrir a la electricidad almacenada en las baterías de las microrredes o usar sus generadores diésel para proporcionar un extra de energía. Si esto sucede, las microrredes híbridas harán que la red existente sea mucho más resistente. Y mientras caigan los costes de las baterías, las microrredes son una opción cada vez más atractiva en las ciudades donde el suministro eléctrico convencional es poco fiable. Servirían para que fábricas y otros usuarios cuenten con una fuente de electricidad fiable.

Para llevar a cabo estos grandes cambios en la infraestructura harán falta bastantes años e inversiones importantes. Mientras tanto, sin embargo, las microrredes ya han supuesto un cambio para algunas personas. De vuelta en Batu Laut, la instalación sigue funcionando emitiendo un ronroneo continuo, mientras a los habitantes del pueblo se les ocurren nuevas ideas para usar la electricidad. Una mujer ha comprado una máquina de bordar y espera poder vender uniformes personalizados. El director de la comisión de desarrollo del pueblo está haciendo campaña por una subvención estatal para construir una fábrica de procesado de comida que funcionaría con electricidad de la microrred. Y ahora que el pueblo dispone de electricidad fiable, los profesores del colegio local se están mudando desde la ciudad situada en la isla más grande para vivir en el pueblo.

 

Publicado por KEVIN BULLIS en Technology Review

 

Un avance que ofrece una forma mejor de fabricar medicamentos

Una colaboración entre el MIT y Novartis podría suponer el impulso necesario para la fabricación conocida como 'de flujo continuo'.

 

A pesar de la inmensa cantidad de dinero que invierte la industria farmacéutica en el descubrimiento de nuevos medicamentos, ésta es célebre por tener procesos de fabricación muy anticuados. La mayoría de los medicamentos se hacen por lotes, en los que los ingredientes, muy a menudo polvos, se añaden en pasos sucesivos y a veces desconectados entre sí. El proceso se parece más a un horno de pastelería que a un moderno laboratorio químico. Pero puede que esto esté a punto de cambiar.

Mejor química: Para producir medicamentos siguiendo un método de fabricación continua, los ingenieros del MIT tuvieron que desarrollar varios equipos nuevos, incluyendo este reactor, que permite reacciones más rápidas y elimina la necesidad de usar un disolvente tóxico.

El pasado verano, un equipo de investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), en Estados Unidos, y la empresa farmacéutica suiza Novartis mostraron que una línea de producción continua que integrara varios procesos químicos novedosos y equipos especialmente diseñados para el proyecto podía hacer un medicamento de mayor calidad más rápido y con menos desperdicio. Este método más ágil también puede crear más oportunidades para las primeras fases de investigación de medicamentos. En el proceso de fabricación continua las materias primas se suministran a una serie de calentadores, centrifugadoras, extractores y sensores que hacen pasar el producto intermedio por distintas reacciones químicas. Al final, se obtienen pastillas redondas recubiertas.

A principios de este año, el director ejecutivo de Novartis, Joseph Jimenez, afirmó que su empresa planea construir una instalación de fabricación continua para 2015. Otras empresas farmacéuticas, incluida Pfizer, que es la más grande del mundo, han invertido en investigación para desarrollar sus propias tecnologías de fabricación continua. Pero el éxito de la colaboración con el MIT sugiere que Novartis puede ser la primera empresa en usarla para producción.

Pasar del método por lotes al continuo requiere nuevos tipos de reacciones y nuevo equipo. Mientras que algunas partes de la fabricación por lotes pueden describirse como continuas porque están en funcionamiento constante, lo rompedor de la colaboración MIT-Novartis es que cada paso del proceso está plenamente integrado. Los productos de una reacción fluyen hacia la siguiente, normalmente a través de tubos de pequeño volumen. Esto permite a los fabricantes usar determinado tipo de reacciones químicas que no son factibles en las grandes cubas que se usan en la fabricación por lotes, por ejemplo las que necesitan de temperaturas elevadas o las que son muy rápidas. El método podría servir para llevar nuevos tipos de moléculas al descubrimiento de medicamentos.

Hacer el cambio de la producción por lotes a una producción continua plenamente integrada implicaba cambiar incluso la manera de formar la pastilla. El sistema experimental construido en el MIT consistía en un montón de cables, calentadores, filtros, mezcladoras y tubos metidos en una caja de plástico transparente de seis por tres metros. Producía un medicamento que normalmente habría que hacer en varias instalaciones. En algunos puntos, los técnicos podían entrar y ajustar el equipo o añadir materia prima, pero en su mayor parte el sistema estaba controlado por software que recibía detalles sobre temperatura, presión y otros parámetros de las reacciones, provenientes de los numerosos sensores que vigilaban de cerca las reacciones químicas que se estaban produciendo. El sistema del MIT se diseñó para producir un medicamento específico, pero los investigadores afirman que es adaptable y se podría cambiar una maquinaria por otra para crear un producto final distinto.

Ahora, la planta experimental del MIT se ha desmantelado, y la tecnología se sigue estudiando en la sede de Novartis en Basilea (Suiza) con la esperanza de que el método de fabricación continua sea más eficaz en términos de costes. Una de sus ventajas podría ser que hubiera un lapso de tiempo significativamente menor desde que se da una orden de fabricación hasta que se tiene el medicamento terminado entre las manos. Algo que sería especialmente útil durante los ensayos clínicos, en los que las empresas tienen que equilibrar las necesidades de crear una cantidad suficiente de medicamento para las siguientes fases de los ensayos con el riesgo de que la mayoría de esos medicamentos fracasen. Los tiempos de producción acortados que promete el método continuo –al menos 10 veces más rápido en la instalación experimental del MIT- y la escala de producción menor son mucho más adecuados para la naturaleza incierta del desarrollo de medicamentos.

Una mayor rapidez en la fabricación también podría servir para reducir el riesgo al que se enfrentan numerosas farmacéuticas al sacar un nuevo medicamento al mercado. “Cuando lanzas un nuevo medicamento suele haber mucha incertidumbre respecto a la demanda. En este negocio hacer previsiones es muy difícil”, afirma Gary Pisano,  profesor de la facultad de negocios de la Universidad de Harvard (EE.UU.), especializado en fabricación asociada a ciencias de la salud. “Si tienes una producción muy pequeña y la venta del medicamento se dispara, te quedas corto y costará reaccionar para cubrir la demanda. Pero si tienes una gran planta funcionando para ese medicamento y no tiene éxito, te quedas tirado”, afirma.

El método también podría servir para reducir costes, porque las plantas con fabricación continua pueden ser mucho más pequeñas y necesitar menos energía y materias primas. Además, el hecho de que se usen cantidades más pequeñas de materia prima exige un mayor control sobre las reacciones, lo que, a la larga, puede asegurar un producto final de mayor calidad. Si estás llevando a cabo un proceso por lotes que dura bastante, hay pasos en los que puedes encontrarte trabajando con cientos o miles de litros de un producto químico, y en cierto sentido, puedes “diluir tus errores”, explica el ingeniero químico del MIT Richard Braatz. Pero los pequeños volúmenes y las reacciones rápidas que suelen darse en la fabricación farmacéutica continua requieren que al diseñar el sistema de control se incluyan mayores exigencias de calidad para los productos.

Sin embargo, y a pesar de todos sus beneficios, quizá resulte difícil generalizar el uso de este nuevo método de fabricación de medicamentos.“Se ha hablado mucho de la idea de fabricación continua en la industria farmacéutica, pero no se han hecho grandes progresos“, afirma Pisano. “Muchas empresas son muy conservadoras respecto a la posibilidad de probar algo radicalmente distinto en sus procesos de fabricación”, sostiene. El método por lotes, aunque tiene defectos, está más que probado. “Encontrar una forma más eficiente y eficaz de fabricar no está en los primeros puesto de su lista de prioridades”, según Pisano.

Esta resistencia al cambio también se debe a la ausencia de presión financiera. “Durante décadas estas ineficiencias de la fabricación por lotes se han encubierto gracias a los grandes márgenes que dejan los medicamentos estrella, pero ahora el modelo de negocio farmacéutico está cambiando”, afirma Salvatore Mascia, director de proyecto del Centro Novartis-MIT de Fabricación Continua. “La combinación de nuestras nuevas tecnologías con una estrategia de integración de principio a fin permitirá la producción de medicamentos bajo demanda, con beneficios en términos de rapidez, calidad y coste”, explica. Mientras los ingresos de muchas empresas siguen cayendo y estas se mueven hacia terapias más dirigidas con mercados más pequeños, los productores empiezan a mostrar interés por la fabricación continua.

Allan Myerson, profesor de ingeniería química del MIT, afirma que los ingenieros de la industria del medicamento entienden desde hace mucho la eficiencia potencial de la fabricación continua, pero nunca se la han tomado en serio por la escala relativamente pequeña a la que se producen los medicamentos. “La diferencia en las farmacéuticas es que fabrican muchas clases de productos distintos”, explica Myerson. “Pero ahora hay mucha más presión económica sobre ellas para reducir los costes de fabricación”. La colaboración MIT-Novartis demuestra que las empresas podrían usar las técnicas de fabricación continua incluso con apenas una pequeña instalación. “Hay muchos beneficios potenciales, tanto financieros como medioambientales”, afirma.

Además de suponer un ahorro de costes, la fabricación continua también podría proporcionar beneficios a la hora de manipular la química. Tomemos por ejemplo la capacidad de usar reacciones dependientes de la luz, que permitirían a los químicos más opciones de estructuras moleculares para usar a la hora de crear medicamentos candidatos. En el procesado por lotes, la luz no consigue brillar eficazmente sobre los grandes volúmenes de materia que se usa, afirma Tim Jamison, químico del MIT. Por el contrario, los volúmenes de productos químicos usados en el sistema continuo del equipo son más pequeños y fluyen por tubos que permiten una exposición a la luz más uniforme. Otros tipos de reacciones, como las que generan productos químicos intermedios peligrosos o las que se dan muy rápido, también son más dóciles en la fabricación continua. “Uno de los aspectos más emocionantes es que esto podría abrir la puerta a nuevas familias de estructuras químicas que no son viables en la actualidad, y por lo tanto, ampliar los tratamientos que tenemos disponibles para varias enfermedades", afirma Jamison.

La planta piloto se construyó para producir un compuesto concreto. Ahora, los 11 grupos del MIT involucrados en el proyecto siguen buscando nuevas reacciones y herramientas para que otros medicamentos se puedan producir de forma automatizada y continua. “Tradicionalmente la industria no se ha centrado en la fabricación, pero ahora mismo hay mucha inercia”, explica el director del proyecto e ingeniero químico del MIT Bernhardt Trout. “Comprendemos que debemos adquirir un compromiso a largo plazo para que esto arranque”.

 

Por Technology review

 

Un chip tipo órgano emula una enfermedad pulmonar mortal

El microdispositivo simula un órgano y en el futuro podría reducir la necesidad de experimentar con animales.

Pulmones de laboratorio: Líquido y aire son bombeados en los diferentes canales de este pulmón (creado en un chip) para imitar la función pulmonar humana.

Investigadores del Instituto Wyss de Ingeniería Inspirada en la Biología de la Universidad de Harvard (Estados Unidos) han demostrado que su 'pulmón en un chip' puede simular una enfermedad pulmonar potencialmente mortal. También informan que mediante el uso del chip pulmonar los científicos pueden descubrir aspectos nuevos de la enfermedad que no se encontrarían con experimentos con animales.

El estudio, publicado el miércoles en Science Translational Medicine, es la primera demostración definitiva de que los chips imitadores de órganos del Instituto, entre los que se incluye un intestino, un corazón y un riñón, se pueden utilizar para modelar una enfermedad e incluso para poner a prueba candidatos a fármaco.

El dispositivo de chip pulmonar es un bloque de polímero transparente, flexible y del tamaño de un pulgar, perforado por dos pequeños canales separados por una membrana delgada. El aire fluye a través de un canal, que está forrado con células de pulmón humano. Un líquido rico en nutrientes actúa como sustituto de la sangre y fluye a través de otro, a su vez forrado con células de vasos sanguíneos. Un vacío aplicado en el chip mueve los canales para recrear la forma en que los tejidos de pulmón humano físicamente se expanden y contraen al respirar.

El estudio, dirigido por el miembro del Instituto Wyss Dongeun Huh, se centró en el edema pulmonar, una afección en la cual los pulmones se llenan de coágulos de sangre y fluidos. Puede ser causado por insuficiencia cardíaca, y como resultado de los efectos secundarios de un fármaco contra el cáncer común. Los investigadores inyectaron el medicamento contra el cáncer en el canal de vasos sanguíneos y encontraron que las proteínas del fluido y el plasma sanguíneo se filtraron a través de la membrana hacia el canal de aire, de forma similar a lo que provoca el efecto secundario del fármaco en pacientes.

Esto llevó a dos descubrimientos sorprendentes, indica Geraldine Hamilton, coautora del estudio y científica líder del grupo en Wyss. Uno fue que el sistema inmune, que no estaba representado en el chip, no es necesario para causar el efecto secundario de fuga, tal y como se había pensado previamente. En segundo lugar, el equipo encontró que cuando encendían el sistema de vacío para crear movimientos parecidos a los de la respiración, la fuga empeoraba, otro aspecto desconocido del edema pulmonar.

Los investigadores también mostraron que un candidato a fármaco de GlaxoSmithKline podría impedir la fuga en el sistema de chip (los investigadores de GSK también fueron coautores del estudio de Wyss). En otro estudio en la misma edición de Science Translational Medicine, los investigadores de GSK demostraron en ratones con insuficiencia cardiaca que su medicamento puede reducir el edema pulmonar, lo que ayuda a validar el sistema de chip, señala Hamilton. "Lo cierto es que de aquí a muchos años seguiremos necesitando animales para las pruebas clínicas, pero esto nos lleva un paso más cerca de encontrar alternativas", indica.

También existe cierto escepticismo. Los sistemas de órganos en chips carecen del medio ambiente típico al que un órgano estaría expuesto, tales como las diversas hormonas y otras señales moleculares que constantemente se distribuyen por todo el cuerpo de un organismo, afirma Michael Hayward, científico principal en Taconic, una compañía de ciencias vitales con sede en Cranbury, Nueva Jersey (EE.UU.). Hayward, que se especializa en el desarrollo de modelos animales de enfermedades humanas, también observa que la mayoría de las enfermedades involucran varios órganos distintos, y la comprensión del modo en que los diferentes órganos interactúan para provocar un estado de enfermedad no podría recrearse en un dispositivo que imite un único órgano.

Hamilton reconoce que la industria y los reguladores van a exigir una notable validación de la tecnología de órganos en chips antes de usarla como alternativa a los animales, pero los beneficios potenciales de la tecnología se hacen evidentes en el estudio del miércoles, señala. "No solo hemos imitado la respuesta clínica, sino que también hemos encontrado algo nuevo. Esto es solo una primera impresión de los efectos que podría tener en el descubrimiento y desarrollo de fármacos en el futuro", asegura. "No solo podríamos reemplazar al animal, sino también ganar una mayor comprensión".

Y un día, podrían comenzar a abordar las preocupaciones de Hayward y otros expertos sobre la naturaleza aislada de sus dispositivos. "Nuestro objetivo final, de alto riesgo, es no solo desarrollar modelos de enfermedades, sino desarrollar un sistema integrado de chip corporal donde podamos empezar a vincular estos órganos, y acercarnos un paso más a imitar la respuesta humana", concluye.

 

Por Technology Review

 

Descubren un planeta que se convierte en polvo


Este mundo rocoso, situado a 1.500 años luz de distancia, se desintegra sin remedio bajo el calor abrasador de su estrella.


Investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y la NASA han detectado a 1.500 años luz de distancia un planeta rocoso, no mucho mayor que Mercurio, que parece estar evaporándose bajo el calor abrasador de su estrella. Una larga cola de escombros -muy parecida a la de un cometa- sigue a este mundo, como un recuerdo permanente del que será su trágico final. De acuerdo con los cálculos del equipo, el exoplaneta se desintegrará por completo dentro de 100 millones de años. La investigación aparece publicada en la revistaAstrophysical Journal y puede consultarse en Arxiv.
El equipo descubrió que este polvoriento planeta rodea a su estrella cada 15 horas, una de las órbitas planetarias más cortas jamás observadas. Un paseo tan breve supone que ambos cuerpos están muy cerca, por lo que el planeta debe de ser calentado por su estrella a una temperatura de casi 2.000º C, nada menos. Los investigadores creen que a estas temperaturas infernales el material de roca en la superficie del planeta se funde y se evapora, formando un viento que transporta el gas y el polvo hasta el espacio. Densas nubes de polvo siguen al planeta al tiempo que éste acelera alrededor de su estrella.
«Creemos que este polvo está compuesto de partículas de tamaño submicrónico», dice el coautor del artículo Saúl Rappaport, profesor emérito de física en el MIT. «Sería como mirar a través de la niebla de Los Ángeles», describe.
Los resultados del grupo se basan en datos del Kepler, un telescopio espacial que observa más de 160.000 estrellas en la Vía Láctea. El observatorio registra el brillo de cada estrella a intervalos regulares y los científicos analizan los datos para detectar signos de nuevos planetas fuera de nuestro Sistema solar.
Los astrónomos que usan el satélite Kepler suelen identificar exoplanetas mediante la búsqueda de manchas regulares en el brillo de una estrella, lo que indica que algo pasa por delante. Sin embargo, los investigadores encontraron un curioso patrón de luz en una estrella denominada KIC 12557548. El grupo examinó las curvas de luz de la estrella y encontraron que su luz se reducía en diferentes intensidades cada 15 horas, lo que sugiere que algo estaba bloqueando la estrella con regularidad, pero en distintos grados.

«Muertes extraordinarias»

¿Qué ocurría? El equipo consideró varias explicaciones, incluyendo la posibilidad de que un dúo planetario -dos planetas que orbitan entre sí- también girasen alrededor de la estrella. pero al final los datos no apoyaban esta hipótesis. En cambio, a los investigadores se les ocurrió otra posibilidad: que las diferentes intensidades de luz fueran causadas por algo amorfo, algo que cambia de forma.
Los científicos investigaron distintas formas en que el polvo puede ser creado y arrancado de un planeta. Si esto ocurre, este mundo debe de tener un campo gravitatorio bajo, al igual que el de Mercurio, con el fin de que el gas y el polvo pueda escapar de la atracción gravitatoria del planeta. Además, debe estar muy caliente, alrededor de 1.982° C.
En cuanto a la cantidad de polvo que se arroja desde el planeta, el equipo concluye que, al ritmo estimado, se desintegrará por completo dentro de 100 millones de años.
Dan Fabrycky, miembro del equipo científico del observatorio Kepler cree que ésta puede ser una de las muchas maneras en que un planeta puede desaparecer. «Los planetas no son objetos eternos, pueden tener muertes extraordinarias, y en este caso el planeta podría evaporarse por completo en el futuro», señala.
Por ABC
 

Jordi Muñoz, 25

Tecnología de código abierto para robots aéreos de bajo coste





Un joven mexicano de 21 años afronta un día más de tedioso encierro en su piso de Riverside, California, a la espera de obtener la Green Card, la tarjeta de residencia que le permita estudiar, buscar trabajo o sacarse el carné de conducir en Estados Unidos.
Corre marzo de 2007 y Jordi Muñoz, un apasionado de la computación que soñaba de pequeño con ser piloto, acaba de mudarse con su esposa al otro lado de la frontera, dejando colgados sus estudios de ingeniería en el Centro de Enseñanza Técnica y Superior de Baja California (México). “Me aburría muchísimo en casa, así que empecé a jugar con chips y controladores: pasaba horas haciendo pruebas con el código, navegando y leyendo en el ordenador”, recuerda el joven.
Así fue como Muñoz descubrió DIY Drones, un foro donde miles de aficionados a fabricar sus propios vehículos aéreos no tripulados (los llamados drones) comparten sus experiencias, las librerías de código que van perfeccionando y adaptando a cada necesidad o los planos de los componentes electrónicos con los que fabrican sus prototipos.
Inmerso en este sustrato de conocimiento amplio, actualizado y de acceso ilimitado, Muñoz no solo progresó como desarrollador sino que heredó la filosofía abierta y colaborativa en la que ha basado su carrera como emprendedor, e hizo importantes contactos. Sus experimentos caseros llamaron la atención de Chris Anderson –director de la revista Wired- que vio en un vídeo cómo Muñoz hacía volar un helicóptero de forma autónoma utilizando una placa Arduino (una plataforma de electrónica abierta) y un controlador de una consola Wii que había reprogramado.
Impresionado, Anderson aportó una pequeña financiación y Muñoz fabricó manualmente 40 unidades de sus placas. “Se vendieron el mismo día  y entonces nos dimos cuenta de que ahí había un negocio”, explica el joven. Así nació 3D Robotics, una empresa que emplea a 20 personas y, según sus estimaciones, generará a finales de este año 4,8 millones de dólares (3,6 millones de euros) de beneficios.
Esta compañía, de la que Muñoz es el director ejecutivo, vende accesorios electrónicos para aficionados que construyen drones en su garaje, o para profesores de universidad que quieren que sus alumnos de ingeniería aprendan a diseñar robots. El producto más demandado es el sistema Ardupilot, un piloto automático de bajo coste y fácil de usar. “Por unos 200 dólares tienen a su disposición un sistema de alta tecnología que podría costar miles”, explica Muñoz. “Además, como es de código abierto, pueden ‘jugar’ con él y ver en tiempo real las respuestas a sus modificaciones”.
Junto a la aplicación didáctica, estos aviones no tripulados (o sus piezas) han demostrado ser útiles para infinidad de propósitos. Usar un pequeño drone en lugar de fletar un helicóptero ahorra muchos costes en misiones de vigilancia, seguimiento de animales migratorios o inspección de zonas arqueológicas.
En 2011, Muñoz encargó a su amigo Guillermo Romero que fundara una empresa hermana a 3D Robotics con sede en Tijuana (México) llamada Udrones. Desde ella atienden el mercado extranjero y mandan pedidos a los clientes que piden aviones completamente ensamblados y listos para volar (ya han enviado varios a Alemania y Australia).
Aunque actualmente la manufactura se hace en México y el desarrollo tecnológico en EE.UU., el objetivo de Muñoz es generar el caldo de cultivo para que la capacitación técnica de los profesionales mexicanos sea pronto equiparable a la de los ingenieros estadounidenses. “Si la naturaleza de mi empresa no fuera abierta, pondría una maquila en México y los operarios se limitarían ensamblar piezas; no existiría una transferencia de conocimiento”, explica.
Para John Janas, presidente de la empresa de análisis y estrategia de mercado Janas International Enterprises y miembro del jurado de los premios TR35 México, el valor clave de Muñoz reside precisamente “en la promoción de la ideología de código abierto y Creative Commons entre investigadores, estudiantes y otras personas” a los que hace partícipes de los detalles de su hardware y su software. “Este intercambio de conocimientos acelerará -según Janas- la aparición de aplicaciones innovadoras de la tecnología de los robots aéreos”. - Elena Zafra
 
 
Support : Creating Website | Johny Template | Mas Template
Copyright © 2011. NEW WORLD - All Rights Reserved
Template Created by Creating Website Published by Mas Template
Proudly powered by Blogger